Hoy he estado pensando que las cosas que uno dice (y piensa) no son nunca ciertas. Ni siquiera sé si existe tal cosa como *lo cierto*, o incluso *lo falso*. Pero bueno. Me estoy dando cuenta de que cada palabra, cada idea de la que uno siente estar totalmente convencido, es resultado de las circunstancias. De todas: directas, ajenas, recientes o no. Y si todo está condicionado por el día, el clima, el contexto, la hora, la luz, el cansancio, el hambre... no puedo evitar dejar de confiar en mí y en todos mis ridículos discursos acerca de las relaciones con las personas, mis decisiones y lo que hago.
Y no sé si estoy descubriendo el agua tibia (o que el agua moja, como suelo hacer), pero se trata de una realidad que me produce mucho pavor, como si me fuera a conducir al mutismo y a apagar mi cerebro.
_______&
0 comments:
Post a Comment