Trasladar las sensaciones y los sentimientos a la esfera gruesa de los pensamiento podría ser un interesante propósito a cumplir en los días que vienen, ya tan estrechos. Quiero poder mover las espumas que me constituyen de un lado a otro, modificarlas, arrastrarlas e intercambiarlas entre sí para lograr así sea un mínimo de perspectiva.
Pero tal vez la pasión violeta violenta violada no dejará jamás que algo así, metódico y sosegado, ocurra conmigo.
Estoy de espalda al pragmatismo.
Hay que tomar los caminos largos y rocosos y adjetivar las palabras simples y diáfanas para poder ser yo. Sin las tormentas y el espíritu intempestivo jamás podría volver a ser. Tal vez se aproxime el día en que acoja con calma una verdad de ese tamaño. Y sería hermoso hacerlo sin bajar la cabeza. No enunciarlo con ánimo de derrota o finitud. Podría erigir por fin una puerta ancha y luminosa para atravesar. Hacia mí.
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